viernes 8 enero

Historia, significado y origen de la palabra bingo

¿Alguna vez te has preguntado cómo empezó el Bingo? ¿Quiénes fueron los primeros en jugarlo? ¿Cuál fue su verdadero germen? 

En el siguiente post vamos a dar un rápido (y divertido) repaso por los primeros años de nuestro querido entretenimiento, para que guardes un montón de datos y presumas de conocedor en tus partidas con amigos. 

¡Comenzamos!

 

El origen del Bingo lo encontramos en unas loterías que se celebraban en el siglo XVI. Eran sencillos divertimentos de azar, fáciles de aprender y rápidos en sus rondas. Entre ellos destacaba una versión llamada Il Gioco del Lotto. propuesta muy parecida a la versión de 90 bolas que disfrutamos en la actualidad. A lo largo del siglo XVIII se popularizó en Francia, reafirmándose como uno de los pasatiempos más populares del país galo. Es aquí cuando se introducen una serie de elementos que lo hacen claramente reconocible, como son los cartones, las fichas y el encargado de cantar los números y ganadores. Fue rebautizado como “Le Lotto” y era la opción principal en las reuniones aristocráticas. 

Ya en el siglo XIX, “Le Lotto” desembarcó en Reino Unido y empezó a correr como la pólvora, logrando una popularidad que dura hasta nuestros días. Los ingleses no modificaron el juego en su esencia, pero idearon una versión autóctona denominada Bingo Lingo. Una rareza inspirada en la jerga “Cockney”, que asocia cada uno de los números a una frase divertida o a una rima concreta. En Alemania tuvo una deriva mucho más didáctica, empleándose para enseñar las tablas de multiplicar en la escuela. 

El origen de la palabra Bingo

Las raíces del Bingo quedan claras, pero la denominación original está más cerca del término “lotería” que de la propia expresión “Bingo”. Entonces, ¿Cuándo nace exactamente esta palabra? ¿Quién la inventó y por qué se emplea?

Para dar una respuesta tenemos que retroceder al año 1929, y centrar nuestra atención en el vendedor de juguetes estadounidense Edwin S. Lowe. El mencionado empresario acudió a una feria de Georgia para hacer negocio y comercializar sus creaciones, pero lo que encontró fue algo mucho más valioso: una idea infalible. Vagando por la mencionada feria reparó en un juego que se desarrollaba encima de una mesa con forma de herradura, cubierta de frijoles y tarjetas numeradas. Tenía ante sus ojos una modificación local de Le Lotto, que en aquellas tierras se llamaba Beano. Los participantes revisaban continuamente sus tarjetas para comprobar si tenían los números que iban saliendo. Cuando así era, colocaban un frijol en la cifra correspondiente. La dinámica continuaba hasta que alguien completaba una línea (ya fuera horizontal, vertical o diagonal). En ese momento se paraba la partida al grito de ¡Beano!, y el ganador se llevaba su correspondiente premio. 

De vuelta a Nueva York, Lowe compró un saco de frijoles, un sello de goma y un cartón. Invitó a amigos, colegas y conocidos, y celebró una velada para testear el juego. El éxito fue arrollador, y pudo palpar la misma emoción que había visto en la feria de Georgia. En un instante concreto, una de las jugadoras se dio cuenta de que había ganado. La agraciada se emocionó tanto que los nervios le agarrotaron la lengua. No alcanzó a pronunciar correctamente y en su lugar exclamó un ¡B-B-B-BINGO! en lugar de ¡Beano!  

Y así, en una sucesión de coincidencias y azar, llegamos el origen de la palabra BINGO. 

El impacto del Bingo

A los pocos meses un sacerdote llamado Wilkes-Barre acudió al señor Lowe. Su parroquia se encontraba en enormes apuros económicos, y necesitaba una solución para poder seguir oficiando en su comunidad. Uno de los feligreses propuso recurrir al Bingo como medio de recaudación, y todos estuvieron de acuerdo en probar esta idea. 

Barre y Lowe vieron de inmediato que este pasatiempo podía reportar cuantiosos ingresos, pero a su vez entendieron que un funcionamiento a gran escala requería de mayores combinaciones numéricas. Para afrontar este reto, contrataron los servicios del reputado profesor de matemáticas Carl Leffler, al que encargaron diseñar 6.000 tarjetas con grupos de cifras no repetidas.

La iglesia de Wilkes-Barre solucionó sus problemas y un efecto bola de nieve barrió el país. Lowe empezó a recibir cartas y peticiones de tipo didáctico, ya que la mayor parte de interesados no sabían configurar el juego.  Ante la demanda, decidió escribir el primer manual oficial de instrucciones, y lanzó una publicación mensual que alcanzó los 37.000 suscriptores. En los años 30 ya se celebraban 10.000 sesiones semanales de BINGO solo en los Estados Unidos. 

El Bingo en España

El Bingo aterrizó en España de forma similar al resto de Europa, ganando fuerza a lo largo del siglo XIX. Sin embargo, las dictaduras de la primera mitad del siglo XX lo mantuvieron entre bambalinas hasta el año 1977, en plena transición política. Durante esos meses convulsos se legalizaron ciertos juegos de azar, que pasaron de ser prácticas clandestinas a negocios rentables, con miles de participantes diarios. Esto le dio un lavado de cara a la forma de entender el ocio, y permitió la popularización del Bingo.  

En los 80 las salas se multiplicaron, y los asistentes comenzaron a disponer de buena gastronomía, variedad de bebidas y servicios de lujo. Hoy en día el Bingo se mantiene gracias a la fidelidad de un público entusiasta y a una buena convivencia con las versiones online.

En 2021, las webs especializadas ofrecen toda clase de juegos, promociones, alternativas y posibilidades: una enorme oferta que hace imposible el aburrimiento. Además, con la llegada del COVID19, estas plataformas digitales se han acabado por consolidar, y ya no son una alternativa: son la opción principal.

Otras cifras interesantes que deberías conocer

  • El Bingo online nació en 1996, seguido de “Bingo Blitz”, que se asentó en 1998.
  • Muchos lo utilizan como divertimento durante los almuerzos de empresa.
  • Un 48% de los jugadores admiten echar una partida una vez al día.
  • El 47% de los participantes consiguen nuevas amistades a través de las plataformas online. 

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